¿No creeremos en verdad que existe democracia?

¿Se acuerdan de “Wall Street”? Aquella magnífica película de Oliver Stone de los años ochenta, donde un joven Charlie Sheen sucumbe primero a la avaricia y el amor al dinero y al capitalismo más duro personificado por un genial Michael Douglas, para luego, una vez que se da cuenta, de que el espejo tiene dos caras y que el capitalismo ya no están bonito cuando uno es la víctima, cuando ya no se es verdugo sino víctima, decide cambiar de lado y en un último acto de decencia, salvar a cientos de personas del desempleo. ¿Se acuerdan? Si la han visto, la tendrán de seguro en la memoria. Si no la han visto, se las recomiendo. Pues hay una escena (para mi crucial) cuando el joven Charlie Sheen, completamente desconcertado de a cuanto puede llegar la avaricia del que había sido hasta entonces su mentor, le pregunta ¿Por qué? ¿Porque destruir una compañía? ¿Por qué despedir a cientos de personas? ¿Solo por mas dinero? ¿Cuántos yates más necesitaba? ¿Cuándo es suficiente? Michael Douglas en un monologo colosal, le explica cómo funciona en verdad el sistema, finalizando con las grandes palabras ¿No creerás en verdad que vivimos en democracia? De aquella escena han pasado 30 años. ¿Qué ha ocurrido? Nada. No es porque no hay habido intentos. Es que no hay alternativas. Es que el ser humano es y será siempre al fin y al cabo un ser humano. ¿Existe democracia? Mejor dicho. ¿Alguna vez existió democracia? Muchos se han quejado de la caída del comunismo, argumentando de que se debe a que el comunismo como tal no existió, el comunismo real es una utopía, en el papel factible pero en la práctica imposible. Pues bien ¿Es la democracia factible o también una utopía? Antes de seguir, la aclaración, no pretendo con estas líneas dar mi voto ni a un lado ni al otro (por lo menos no por el momento) solo analizar un poco las palabras de aquella película, que merecen ser resaltadas y no olvidadas. Hable de ello en mi artículo anterior y he aquí mi comentario. Pues bien analizemos la definición (una muy simple, he de reconocer): En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.”

¿Somos completamente libres?

¿Somos todos completamente iguales?

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¿Son las personas de las que menos esperamos las que verdaderamente cambian algo?

¿Son las personas de las que menos esperamos las que verdaderamente cambian algo? Fui a ver el otro día la película “The imitation game”. Relatar de que se trata la película es tarea de otro Blog, basta con decir que relata la vida de Alan Turing, un matemático ingles y su aporte a la causa inglesa durante la segunda guerra mundial. Quiero notar que no digo gran aporte, porque su gran aporte no fue a la guerra sino a lo que vivimos todos nosotros a diario: el uso de maquinas en la vida diaria. Un hombre que dio tanto (hasta su vida) fue despreciado por sus amigos y olvidado en el tiempo hasta que le vino el perdón póstumo (alguien me podría decir para que sirve eso?) de la reina. Gran película. Gran actuación. Recomiendo verla. ¿Son las personas de las que menos esperamos las que verdaderamente cambian algo? La película nos presenta a Alan Turing como un ser atormentado por el mismo, un ser alejado de la realidad, un ser incapaz de entablar relaciones humanas y que se siente mas cómodo con sus maquinas que con el mismo. ¿No nos ha pasado lo mismo muchas veces? Decepcionados, tristes, traicionados. ¿Por qué abundando las redes sociales, las citas por internet, los mensajes? ¿Es más fácil hablar con una maquina que con una persona? Salí del cine pensando en eso. La democracia no existe. Ni en la política (recordemos las celebres palabras de Gordon Gekko en Wall Street “No pensaras que vivimos en democracia ¿Verdad?, y creo que ese comentario merece otro artículo) ni en la vida social. O eres parte del sistema o eres un ser alejado, raro, merecedor de burlas y a veces odiado. Y entonces ¿Por qué el sacrificio? La sociedad representada muchas veces de manera transparente en el comportamiento de los niños y no en la mentiras de los adultos, exige de cada uno de nosotros ser partícipe de por lo menos un grano de arena que contribuya a algo. Y de esa exigencia no nos escapamos nadie. Pero exige más de unos que de otros. ¿Nos hemos sentido incomprendidos muchas veces? Y sin embargo a veces ¿no somos justamente nosotros los primeros en señalar con el dedo a alguien que se comporto casi igual que nosotros? Y ese alguien quien quizás después nos ensene algo. ¿Cuántos casos hemos visto de personas incomprendidas, olvidadas, los “extraños” que han hecho algo fuera de lo normal? ¿Se puede hacer algo fuera de lo normal siendo normal? Creo que ha llegado el momento de dejar de imitar y empezar a pensar, aunque sea por un momento. El riesgo es que seamos titulados de extraños. El logro, que podamos crear o hacer algo verdaderamente fuera de lo normal.

¿Porque es tan difícil escribir?

Pues no es que lo sea tanto, pienso que cualquier persona ha tenido en su vida la necesidad innata creo yo, de escribir algo. Ahí tenemos el ejemplo de las cartas que mandábamos (por lo menos no hace muchos años y aunque hoy sea correo electrónico, el resultado en si es el mismo) a las primeras novias o los recuerdos que ponías sobre el papel al entregar un regalo que con tanto gusto escogíamos. Yo llamo a eso escribir porque no es la escritura de por sí, sino es el momento en el que ponemos nuestra ideas o lo que es peor aún nuestros sentimientos sobre un papel que puede ser leído por otros. Y ahí, es donde llega mi consideración. Escribir (en el sentido literario de la palabra) nos hace poner sobre un pedazo de papel, que al escapar de nuestras manos se convierte en un trovador errante de nuestros sentimientos, que sin el mas mínimo reparo lo comunica a cuanto transeúnte pase por su enfrente. Perdemos el control y perdemos la intimidad. Es por eso que solo unos cuantos tienen la necesidad en sobre masía (sea cual sea la razón psicológica que conlleve a esto, pero eso es otro campo) de superar esa barrera y a manera de mea culpa del alma, escribe historias aun ha sabiendas de que pocos o quizás nadie las leerán. Muchos lo hacen camuflando sus intenciones en personajes místicos o de fantasía. Y otros llegan al nivel de, desconectarse completamente del mundo real, para poder sacar a la luz su mundo interno y darnos a conocer un poco de la complejidad de lo que llamamos alma. Sea como fuere, este sentimiento lo tenemos todos. Es un libre mercado literario, donde el que escribe vende un poco de su alma, y el lee, la compra para poder ser participe de ella. Una gran simbiosis que espero no se acabe nunca, ya que por mas que siempre se diga “ya esta todo dicho”, siempre, siempre, siempre habrá algo que contar.