¿Son las personas de las que menos esperamos las que verdaderamente cambian algo?

¿Son las personas de las que menos esperamos las que verdaderamente cambian algo? Fui a ver el otro día la película “The imitation game”. Relatar de que se trata la película es tarea de otro Blog, basta con decir que relata la vida de Alan Turing, un matemático ingles y su aporte a la causa inglesa durante la segunda guerra mundial. Quiero notar que no digo gran aporte, porque su gran aporte no fue a la guerra sino a lo que vivimos todos nosotros a diario: el uso de maquinas en la vida diaria. Un hombre que dio tanto (hasta su vida) fue despreciado por sus amigos y olvidado en el tiempo hasta que le vino el perdón póstumo (alguien me podría decir para que sirve eso?) de la reina. Gran película. Gran actuación. Recomiendo verla. ¿Son las personas de las que menos esperamos las que verdaderamente cambian algo? La película nos presenta a Alan Turing como un ser atormentado por el mismo, un ser alejado de la realidad, un ser incapaz de entablar relaciones humanas y que se siente mas cómodo con sus maquinas que con el mismo. ¿No nos ha pasado lo mismo muchas veces? Decepcionados, tristes, traicionados. ¿Por qué abundando las redes sociales, las citas por internet, los mensajes? ¿Es más fácil hablar con una maquina que con una persona? Salí del cine pensando en eso. La democracia no existe. Ni en la política (recordemos las celebres palabras de Gordon Gekko en Wall Street “No pensaras que vivimos en democracia ¿Verdad?, y creo que ese comentario merece otro artículo) ni en la vida social. O eres parte del sistema o eres un ser alejado, raro, merecedor de burlas y a veces odiado. Y entonces ¿Por qué el sacrificio? La sociedad representada muchas veces de manera transparente en el comportamiento de los niños y no en la mentiras de los adultos, exige de cada uno de nosotros ser partícipe de por lo menos un grano de arena que contribuya a algo. Y de esa exigencia no nos escapamos nadie. Pero exige más de unos que de otros. ¿Nos hemos sentido incomprendidos muchas veces? Y sin embargo a veces ¿no somos justamente nosotros los primeros en señalar con el dedo a alguien que se comporto casi igual que nosotros? Y ese alguien quien quizás después nos ensene algo. ¿Cuántos casos hemos visto de personas incomprendidas, olvidadas, los “extraños” que han hecho algo fuera de lo normal? ¿Se puede hacer algo fuera de lo normal siendo normal? Creo que ha llegado el momento de dejar de imitar y empezar a pensar, aunque sea por un momento. El riesgo es que seamos titulados de extraños. El logro, que podamos crear o hacer algo verdaderamente fuera de lo normal.

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