Botella vacía

El ser humano a través de los tiempos ha buscado y seguirá buscando alguna razón por la cual vivir. Siglos de búsqueda han sido acompañados por siglos de dolor y desesperanza. Pero también de grandes descubrimientos y de grandes satisfacciones. Eso es a nivel general. Pero ¿Qué significa este pensamiento para cada unos de nosotros?

Podríamos poner como ejemplo una situación interesante que aconteció en un lugar simple, común, tan adentrado en nuestros sentidos que a veces uno no se percata de lo maravilloso que puede ser: Un bar.

En una noche tranquila, con un aire fresco que soplaba en el ambiente, una pista casi vacía (insólita para esta ciudad hoy en día) y una música suave que se escuchaba de entre las casas y departamentos contiguos, tres hombres de edad avanzada ya habían tomado sus asientos frente a tres vasos vacíos de cerveza. Habían pedido una primera botella. El camarero la estaba trayendo cuando uno de ellos, Martín, levanto su vaso y fingiendo decir un brindis, empezó a hablar.

 

-Recuerdo una frase de una película tan vieja como yo – empezó – No sé si fue de Borges a
la hora o si fue en la película pero decía algo como he vivido mucho, he disfrutado poco o
algo así. – Martin recibió con entusiasmo la botella. Se sirvió primero él, viendo como el
contenido rubio del liquido se reflejaba en las pupilas de sus ojos y resplandecía como si
estuviera sirviendo oro en su vaso.

 

Martín espero en ese momento a ver que decían sus compañeros pero ningún se animo a decir una sola palabra. Conocían a Martin muy bien y sus monólogos (sobre todo aquellos que empezaban después del cuarto vaso de cerveza) eran temidos. Así que solo optaron por esperar a que se callara y ellos empezaron también a tomar junto con él. Pero Martín estaba hablando demasiado en serio esta vez.

Martín miro por unos segundos a sus compañeros “Si supieran lo que yo se, me entendería, tienen tantos años como yo pero aún no han entendido. Pero me gustaría quizá ser como ellos, pensar menos disfrutar más. Llevo años viniendo aquí y creo que ninguno se ha dado cuenta de lo que en verdad pasa.”

A lo lejos, el camarero se detuvo por unos minutos al lado del bar, dejo los vasos que había recogido sobre el mostrador y se recostó. Manuel (esa era su nombre) conocía a Martín desde hacía varios meses, desde que había empezado a trabajar ahí. Sabía que era un tipo serio, de pocas palabras pero con un humor siempre despierto. Era difícil de encasillarlo en una personalidad definida. Manuel sabía que Martín tendía un poco al fatalismo, pero esta vez noto algo diferente. Manuel vio como los ojos de Martín se volvieron cristalinos y supo que unas lágrimas estaban llenándolos de emoción en ese momento.

Los dos acompañantes de Martín se percataron de que su amigo estaba teniendo problemas. Y sus problemas eran internos. Martín siempre había sido un símbolo de energía y vida. Jamás había sido tan activo ni demasiado hablador pero siempre había sabido llenarlos de esperanza y emoción. Recordaron cuando Samuel (el más joven del grupo) tuvo problemas de dinero dado una mala inversión. Martín le dio una gran ayuda sin esperar nada a cambio y nunca protesto ni hizo escenas aun cuando las pagas no habían sido tan puntuales. Ricardo no tenía muchos amigos pero acostumbraba contar sus penas y buscar consejo de Martín, que siempre lo recibía con los oídos abiertos y unas palabras de ánimo. Se miraron sin decir nada. Sintieron que había algo diferente en el ambiente.

Manuel miro la escena de manera extraña. No sabía que hacer. Miro a su alrededor y no había ahí mas nadie. Desde hacía mucho tiempo que no había mucha gente en el bar, sobretodo en la noche. Pero se sorprendió de que no hubiera nadie. La noche estaba muy oscura. Los autos se hacían cada vez más raros. Se rasco la oreja, tratando de pensar que mas podía hacer y al ver la fuerza con la que Martín veía el vaso vacío de cerveza se sintió extraño.

Martín se levanto de la mesa de improviso. “Cuando llegue a este bar por primera vez, sentí que aún tenía ganas de vivir. He viajado tanto, he vivido tanto. Me he enamorado, me he desilusionado. Mi salud se acaba por momentos. Recuerdo aquella esquina donde alguna vez jugué al futbol, algo que nunca pude hacer de manera correcta. Recuerdo aquella calle donde me asaltaron por primera vez. Era entonces un mocoso que no sabía lo que quería de su vida. Pero tampoco lo sé ahora. Recuerdo aquella tiende donde conocí a estos dos que me han acompañado hasta el final de mis días. He vivido demasiado. Hasta ayer seguía con ganas de vivir. Hoy es diferente. Mis hijos se han ido. ¿Con quién puede compartir mis temores y pesares? La mujer que quise ya no está y me ha dejado solo. Tengo varios negocios que han visto mejores tiempos. Y lo que siempre quise hacer, en verdad nunca lo hice. Solo hay una vida y no estoy seguro de haberla vivido bien” Martín cogió con fuerza el vaso de cerveza. Lo tomo. Lo miro, miro a sus amigos. Miro al mozo y solo dijo “Cerveza vacía”.

Manuel se acerco lentamente. Le trajo otra botella de cerveza

-¿Todo bien don Martín? – preguntó.

Martín lo miro. Miro a sus amigos. Miro el interés de aquel joven en su salud. Sintió los recuerdos de tantos años. Sintió el dolor de sus errores pero también la dicha de las alegrías. Y todas se depositaron sobre sus hombros por unos segundos. Y se río. Río como nunca lo había hecho. Segundos interminables de risa.

– ¿Te paso algo compadre? – pregunto con preocupación Samuel.

-¿Que si me pasa algo? – respondió Martín – Estoy vivo carajo, y eso hay que celebrarlo.

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Fujimorismo y el futuro (oscuro) del Perú

¿Hasta cuándo, dejaremos de ser tan ciegos y empezamos a confiar en nosotros mismo?

¿Hasta cuándo, tendremos el valor de pensar seriamente en el futuro?

¿Hasta cuándo tendremos el valor de reconocer lo que somos en verdad y aunque sea por solo un segundo pensar como nación?

Se dice, que cuando miramos al espejo, siempre vemos lo peor de nosotros. Nosotros somos a veces nuestros peores enemigos y mayores críticos, viendo defectos para otros invisibles y a veces, nadie mejor que nosotros mismo para atormentarnos y hacernos daño.

El Fujimorismo (representado en estas elecciones por su candidata Keiko Fujimori) es sin duda aquel espejo que estamos viendo como nación, viendo en él lo peor de nosotros y en vez de huir de el, muchos lo abrazan con cierta ilusión, fascinados en cierta medida por ese conjunto de cualidades negativas que tenemos como nación, pensando erróneamente que así somos y no pensando en el cómo podemos mejorarnos. Mentira, viveza, corrupción, robo, autoritarismo, tendencia a violar las leyes, incultura, son los elementos que han caracterizado al fujimorismo cuando fueron gobierno. ¿Queremos eso de nuevo para nosotros y para el futuro del Perú?

¿Cuándo en la historia del Perú se convirtió el robo, la extorsión, el chantaje y la corrupción política de Estado? Nadie pero nadie, puede negar que fue durante los diez nefastos años que Fujimori y su partido y todos los fujimoristas gobernaron. Fue en ese ambiente podrido, nefasto, corrupto que una joven Fujimori creció. Viendo como el soborno era normal, viendo como el chantaje era normal, viendo como el robo era lo más normal del mundo, viviendo en un ambiente donde incluso los crímenes y la tortura eran la manera normal de hacer política. Hay pruebas de sobra sobre lo que el fujimorismo hizo al Perú, a sus instituciones y a su moral como nación. Las pruebas periodísticas están ahí y abundan, solo falta leerlas y pensar. Basta leer los periódicos, los reportajes, las denuncias para tener bien, pero muy en claro que es el fujimorismo y que representa, aquel espejo lleno de todo lo negativo que tenemos como nación. Incluso la actual candidata de este movimiento financio sus “estudios” con el dinero robado por su padre. Jamás ha trabajado. Jamás ha tenido un cargo importante ni ha demostrado la más mínima cualidad gerencial o de mando. ¿Queremos que una persona así sea presidente de nuestro país? ¿Le daríamos el volante de un autobús lleno de pasajeros a alguien que nunca ha manejado y que ni brevete tiene? ¿Por qué seguimos jugando con nuestro destino? No es un juego. De lo que decidamos ahora se decidirá el futuro cercano (los próximos cincos años) e influenciara definitivamente el futuro lejano. ¿Queremos que una persona que pertenece a un partido que ha demostrado odiar al Perú, sea la jefe de nuestras fuerzas armadas?

Veo la campana de Fujimori, y me duele muy profundo al ver, que ella y su partido representa justamente todo aquello que debemos olvidarme y mejorar. Nos sentimos orgullosos de nuestro pasado, pero no vemos que nuestro presente es incierto y digno de lamento. Basta ver a Lima, su caos, su transporte, su sistema para ver que no somos nada comparados con otros países. Y no hablo de compararnos con potencias, basta compararnos con países “pequeños” como Malaysia o Polonia para ver cuando lejos estamos en infraestructura para poder siquiera jugar en la tercera división de este campeonato mundial. Nos jactamos de nuestro gran país, cuando tenemos miedo de salir a las calles por temor a que nos asalten, cuando escuchamos todos los días homicidios y robos y cuando no tenemos seguridad ni en nuestras casas. Nos vanagloriamos de nuestra ingeniosidad, de nuestra viveza y olvidamos que el respeto y el cumplimiento de las leyes es la base del progreso y de la cultura. Nos enorgullecemos de nuestra comida como única base de un presente en si, pobre y desolado. Un legado que nos ha dejado el fujimorismo.

El panorama es como es. Tenemos unas fuerzas armadas en pobre estado, anticuadas en equipos y falta de recursos. Hay que fortalecerlas y devolver el orgullo nacional a nuestra fuerzas armadas ¿Podrá un partido, una persona, que corrompió, que destruyo el sentido moral del ejercito devolvernos este orgullo?

Necesitamos una educación de calidad, profesores capacitados, infraestructura de primera y sobretodo ensenar a nuestros jóvenes no números ni fechas sino a pensar. ¿Podrá un partido como los fujimorista, que destruyeron y prostituyeron la educación, devolvernos ese camino perdido?

Necesitamos una economía fuerte, no sola de materias primas, sino de servicios y producción y sobretodo tecnológico. Debemos dejar de vernos como simples bodegueros de los ricos y vernos a nosotros mismo como un país productor y tecnológico que dicta lo que el mercado quiere. ¿Creemos en verdad que Fujimori, que destruyo la empresa nacional, que vendió al pais a las grandes transnacionales defenderá el interés patrio?

Pongámonos la mano en el corazón y preguntémonos ¿Creemos en verdad que Fujimori relanzara la educación, brindara apoyo a las fuerza armadas y defenderá los intereses patrios?

Cualquier persona, como se dice, con dos dedos de frente, responderá de manera alta y sincera diciendo un rotundo NO, Fujimori JAMAS hará eso.

Entonces ¿Por qué esta primera en las encuestas? ¿Cómo puede haber tantas personas dispuestas a votar por ella? Me pregunto ¿Cómo podemos seguir queriendo lo peor para nosotros?

Nos volvemos a ver en el espejo y vemos lo peor de nosotros. Y en vez de huir del monstruo lo seguimos. Hemos visto ya las consecuencias del Fujimorismo. Hemos tardado 15 años (y aún faltan muchos más) en levantarnos de las cenizas en los que nos dejó ¿Y aun así queremos volver a eso?

No apoyo a ningún candidato ya que el panorama no es muy prometedor. Pero, algo se y de eso estoy convencido, Fujimori es lo peor que le ha pasado al Peru y lo peor que le puede pasar. Sepamos elegir por una vez en la vida y busquemos el camino del progreso y no del retroceso ni de la desgracia. Tenemos una última oportunidad. El futuro del Perú depende de nuestra decisión.

Elijamos bien. Fujimori, nunca más.