Cine y pasión

Déjenme presentarles dos escenas (incluso colgué unos videos en mi página de Facebook) de dos películas memorables y que representan muy bien lo que quiero decir con el título de este artículo.

La primera corresponde a la película “Amadeus” de Milos Forman. En ella, un enfermo y decaído Mozart compone con ayuda de Salieri (en la película es presentado como un ser envidioso y maléfico) creyéndolo su amigo, su famoso “Réquiem”. Si eso sucedió así  en la realidad es materia de otro análisis  (muy probablemente no) pero el punto a tener en cuenta es que la intensidad de la escena, lo magnifico de la puesta en escena, la gran calidad de la actuación, todo iluminado por unas tenues luces de vela, un Mozart sudado casi delirante y una música que acompañaba a cada palabra dicha y cada expresión no dicha, hacen de esta escena un momento sencillamente inolvidable. ¿Por qué? Porque evoca algo esplendido y que solo una arte como el cine puede dar. Emoción. Un sentimiento. Una pasión. Uno puede sufrir con Mozart, puede sentir el plan maléfico de Salieri, puedo palpar el ambiente y quizás hasta sentir la sensación de que es lo que sería estar ahí.

La segunda escena corresponde a una película argentina “El secreto de sus ojos” creo que presentarla esta de mas, ya que es muy conocida por todos (y si no la han visto no pierdan el tiempo, véanla). En esta escena el personaje de Ricardo Darín visita a su amigo y colega en un bar. Este, le explica de una manera memorable por qué no han podido dar con el asesino. Al ver que su explicación no es entendida, recurre a la ayuda de un conocido quien, traguito en mano, le va explicando palabra por palabra lo que el asesino había querido decir en sus cartas. Algo que solo fue posible descubrir por la devoción y pasión que aquel personaje tenía hacia su club de fútbol. Es entonces cuando, uno con el corazón en la mano, sintiendo la decepción en los ojos de Benjamín (Darín) y a la vez, darse cuenta lo ciego que había estado todo este tiempo,  que escuchamos en unas frase mucho de la naturaleza humana, explicando los hipócritas que podemos ser y los egoístas que podemos llegar a ser. El cambio de escena siguiente junto con una música colosal hace que una vez más, vivamos, sintamos, no solo veamos esa escena sino que comprendamos todo lo que en ella se da.

¿Por qué elegí estas dos escenas? ¿Han notado que he utilizado mucho la palabra “sentir”. Dos cosas también me llamaron la atención al escribir este artículo. Estas dos escenas son de películas antiguas (o relativamente antiguas). He escogido esas escenas para compartir algo y es justamente la pasión por el cine y el buen arte (sea literatura, música, pintura, etc). Pero sobretodo el sentimiento (llamado pasión) que este arte puede generar en nosotros y que hay que saber apreciarlo, cuidarlo y mejorarlo. El cine tiene la capacidad de unir el aspecto visual y musical en uno. EL verdadero cine nos deja sentir, olvidar, pensar pero sobre todo vivir una escena. Y a veces hasta soñar y descubrirnos quizás a nosotros mismos. Muchas veces hemos leído un gran libro pero no nos recordamos de ningún párrafo o hemos escuchado una gran canción pero nos podemos recordar de la melodía, pero casi todos tenemos una película que nos gusta, una escena que está presente y que nos recordamos con total facilidad.

Obviamente no todas las escenas pueden ser así de geniales ni todas las películas obras maestras. Pero pienso que en los últimos años se ha vivido un decaimiento palpable del lenguaje cinematográfico sobretodo en Sudamérica, muy influenciada por el cine estadounidense, que esta empeñado en mostrarnos héroes y más súper héroes en películas con un acabado técnico impecable pero que son solo fotos del momento y entretenimiento momentáneo. El cine estadounidense nos ha dado clásicos como “Rebeca”, “Ben Hur” o “Vértigo” o aún hoy nos ha dado verdadera joyitas que merecen disfrutarse como la última película de Tarantino o películas de Clint Eastwood. Pero ha perdido bastante del cine de anteaño, mas empeñado hoy por hoy en darnos películas de acción que se sin dejar de ser malas, todo lo contrario son muy buenas en algunos casos, no llena el vacío que he mencionado al principio creando una verdadera conexión entre el sentimiento y el arte.

El cine sudamericano siempre ha estado empeñado en mostrarnos más de nuestra realidad (una realidad muy triste en muchos casos) en nuestras caras. Y debe ser sí. Un hecho rescatable. Sin embargo a veces se olvida que el cine debe ser mas que solo un reportaje actual (para eso bastan ya los noticieros y noticias tristes todos los días). El cine debe ser un retrato de la sociedad y un método eficaz donde sobre denuncia la sociedad o (ojala hubiera mucho mas) mostrarnos una posible alternativa a muchos problemas actuales. Pero mas que eso en sí, debe ser un metodo donde las historias que se cuenta o la manera de contarlas hagan que por esas dos horas en las que pagamos una entrada podamos disfrutar de algo novedoso, maravilloso, lleno de emoción y pasión. Debe ser un sitio donde adentrarnos en una cajita mágica y soñar o sentirnos envueltos en una gran aventura. Algo en lo que el cine sudamericano debe mejorar. El cine sudamericano nos ha dado grandes películas (como la anteriormente mencionada) pero a nivel general muy pocas memorables y aún muy pocas escenas que dejen en nosotros ese recuerdo mágico e inolvidable. Cada país tiene sus películas propias y dentro de aquellas escenas que han quedado grabadas en la mente de las personas locales (sin van al Perú se darán cuenta de que todo el mundo conoce una escena muy graciosa de la película “La ciudad y los perros”). Pero aún falta mucho.

Se habla mucho del cine Hindú (no guste o no nos guste tiene una personalidad una manera clara de hacer las cosas y son inconfundibles), del cine japonés (más que todo representado por los animes, obviamente cien por ciento relacionado al Japón), del cine europeo (con su marcado toque directo, seco y dramático). Eso sin contar las escuelas que han ido viniendo a lo largo del tiempo como el surrealismo. ¿Cuando podemos hablar de una escuela Sudamérica? Decir que falta talento es una gran mentira, ya que sobra. Solo falta inversión y amor por el riesgo y el arte.

¿Cuándo podremos hablar de un “La Strada”, “Million Dollar Baby” “Rashomon” pero no italianos, estadounidenses o japoneses sino argentinos, peruanos o urguayos? Espero que pronto. Una vez leí una frase de Billy Wilder que espero sea cierta “No me den lógica, denme emociones”. La próxima vez que yo o usted vayan al cine, espero que encuentren la misma sensación y la misma emoción en la película, que regresen con el sentimiento de haber vivido algo inolvidable y si esa película es sudamericana, aún mejor.

 

 

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