La peculiaridad de Tim Burton

Ir al cine siempre es una delicia y ver una película de Tim Burton lo era aún más hasta hace unos años cuando nos regaló obras maestras y llenas de historia y magia como “Eduardo, Manostijeras” (de lejos su mejor obra), “Sleepy Hollow” o incluso su versión de Batman en las dos primeras películas de finales de los ochenta y principios de los noventa.

Sin embargo algo paso en ese difícil mundo de la creación y empezó a querer seguir el “mainstream” (disculpen las palabras en inglés), quiso ser aceptado por el sistema aun sabiendo que fue justamente esa rebeldía, esa vista especial que tenía para darnos su versión de los hechos lo que lo hizo famoso. Bastaba ver a Wynona Ryder bailando en el aire al ritmo de Harry Belafonte (“Beetlejuice”), o ver a Batman (en  para mí una de las mejores escena del cine) descendiendo cual espectro de la noche ante dos delincuentes o uno de los finales más trágicos, tristes, maravillosos y mágicos que nos ha dado el cine cuando una anciana Wynona Ryder le cuenta a su nieta por qué la nieve existe en su pueblo. Sin embargo todo eso se fue esfumando, se fue apagando y empezamos a ver el nombre de Tim Burton en películas como “El planeta de los simios” o “Big Eyes”. Cada quien tiene derecho a hacer lo que quiera pero en ese camino perdimos a uno (sino el único) director estadounidense que hoy por hoy nos mantiene aún viva la ilusión del cine como caja de fantasía y que nos quiere impresionar con la historia y no con efectos especiales (que los hay pero que son usados como modo de expresión y no como fin en sí mismo)

Ahora volvemos a verlo en “Miss Peregrim y los niños peculiares” su última película. La historia es un poco difícil de contar y en si no lo es. Un orfanato de niños con poderes especiales que son cuidados por seres mágicos y que son amenazados por demonios. Tenemos al joven tímido que descubre que es especial y que tiene que tomar la decisión de su vida. Y por supuesto un villano carismático. Si bien la historia no es original de Burton, se nota que él la ha tomado como suya y ha regresado a sus origines presentándonos por momentos copias fieles de lo que conocemos muy bien de él. Tenemos el chico especial que no se siente parte de este mundo (paralelos con el personaje de Wynony Ryder en “Bettlejuice”, Johnny Depp en Eduardo o el mismo Michael Keaton como Bruce Wayne en “Batman”), tenemos al villano carismático y tremendamente divertido personificado por un brillante Samuel L. Jackson (basta con conocer a “BeetleJuice”, el Guasón o incluso los marcianos de “Mars Attacks” para ver la predilección de Burton por villanos carismáticos), la critica el sistema estadounidense hipócrita y superficial (los suburbios estadounidense como simbolismo de una paz y tranquilidad inexistente, la relación padre hijo fría y sin base (genial la escena en la que el padre le dice a su hijo que él tiene que hablar con alguien y el  padre sugiere que  sea un psiquiatra) y un final que bien pudo ser el de “Beetlejuice” o el de “Mars Attacks”

Sin embargo hay fallas. La película corre por momentos, dejándonos con un pequeño sin sabor ya que aunque no entendemos bien la historia tenemos que seguir la película para no perdernos en el camino. El personaje principal no esta muy bien trabajado por el joven actor, que nunca deje su estado letárgico y su transformación en un niño especial no despierta ninguna simpatía dado su rostro eternamente frio y el comienzo de la película, si bien se toma su tiempo para contar la historia, por momentos se los toma en demasía, logrando salvar el primer bostezo en el momento adecuado.

Sin embargo todo eso se le disculpa porque nos regala momentos sencillamente geniales, como la actuación de Samuel L. Jackson (genial), de Eva Green (excelente), y una puesta en escena soberbia y momentos mágicos e incluso algo tenebrosos. El estilo Burton tal y como lo conocemos.

Quizá para entender por qué mi admiración por Burton cabría explicar que, como mencione, es uno de los pocos directores y artistas que nos devuelve la magia del cine, que hace que ir al cine sea un placer, que nos regala historias inteligentes y llenas de aquel espíritu que sentíamos cuando leíamos nuestra primer película o libro y nos hace por un momento ser de nuevo aquellos niños que sentados veíamos aquella historias que nos hacían soñar.

“Mis Peregrim y los niños peculiares” no es la mejor obra de Tim Burton pero es sin duda una de las mejores películas que voy viendo este año y de lo mejor que nos dado en estos últimos años y solo por eso merece verse y nos devuelve la esperanza de poder seguir viendo más obras del estilo peculiar de este gran artista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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