Un empujón al escritor

La catarsis personal como medio de escape literario. La filosofía del yo interno como motor de la creatividad. La psicología del niño perdido como aliciente de una historia. Quizás un poco de todo y de aun más sea lo que, después de leer “Mientras escribo” de Stephen King, venga y haya venido a mi mente y la de muchos que se inician en el mundo y el oficio de escritor. No pretendo aquí hacer una crítica del libro (labor magnánima que solo pueden los conocedores) sino utilizarlo como medio de escape de algunas ideas.

Genial libro de Stephen King que nos muestra un poco el lado oscuro del escritor pero a la vez el lado realístico y humano de esta profesión difícil y no siempre adecuadamente valorada. Vienen a mi mente las palabras de un director de cine (no me acuerdo el nombre así que antes que inventarlo prefiero omitirlo) que decía “películas puede hacerla cualquier, hasta un tonto, ahora que sean buenas eso ya es otra cosa” . Es perfectamente aplicable a cualquier o casi cualquier profesión, pero muy especialmente a la profesión del escritor de historias y narrativa: Escribir, escribir cualquiera puede escribir, pero de ahí a que salga algo bueno es otra cosa.

¿Qué motiva, que nos induce, seduce, apasiona, atrapa y enciende acerca de poner sobre un papel ideas, palabras, tinta, esfuerzo, dolores de espalada, y sobretodo vacíos y vivencias emocionales? El solo hecho de vivir. Ya que después de todo, el escritor como cualquier otro artista tiene un deseo de vivir y expresar sus emociones y vida de manera exagerada, un aprecio por la vida y por el sensibilidad que lo obligan a querer poner en papel todo aquello que pasa por su mente y que lo lleva a un estado casi místico de complicidad con un lector que jamás conocerá o a entablar amistad con un amigo que lo tendrá siempre en su corazón aunque ya hayan pasado varios años de su falleciento. La vida puede ser difícil (como lo demuestra King), puede írsenos de las manos (como también lo demuestra de manera bastante clara y con valor King) pero esa misma vida es la que nos lleva a buscar ese refugio que es el buen escribir. Se puede aprender técnicas, se pueden aprender ortografía gramática y demás, pero al talento que uno puede tener debe cuidarse y apreciarse, y sobretodo respetarse.

King tuvo suerte pudiendo vivir en un país que le dio las oportunidades de ver sus textos publicados y sobretodo vivir de ellos y tocar temas que hoy por hoy se venden bien. Quizás, muchos de nosotros, incluso yo no contemos con esa suerte pero siempre tendremos la suerte de contar con un papel y un lápiz y poder expresar en el nuestra ideas. Nadie nos puede quitar eso y es a eso a lo que debemos aspirar.

Si algo rescate de este libro es punto autobiográfico que acompaña a todo escritor en su obra, lo quiera o no, de que al fin a y al cabo nuestra vidas son la base de cualquier intento de introducirnos en la piel del escritor y que lo primer que debe haber todo buen escritor es aceptarse a sí mismo y el hecho de que sus vivencias es el carbón que nutre la caldera que hace girar las hélices de nuestro quehacer.

Ayer me desperté tarde, normalmente lo hago temprano pero tenía ganas de quedarme en la cama. No teñía ganas de ir al trabajo, un paso tedioso a estas alturas de mi vida y me hubiera gustado ir a tomar un café con mis amigos, dar aquel paseo por el parque con una buena amiga que no había visto desde hace tiempo y quizás almorzar, aunque sea solo un pan con jamón y un vaso de agua frente a ese rio que tanto nos gusta. Me hubiera gustado luego leer un poco. Quizás luego zambullirme un poco en las páginas de internet, averiguar más sobre aquel tema histórico que tanto me tiene pensativo, poder unas horas trabajar en aquella calculación que me mantiene loco y luego en la noche, después de estar satisfecho con mi trabajo ir a cenar con mi novia, escuchar de su voz las más dulces palabras sobre cómo le fue el día, olvidar que existe un mañana al ver su sonrisa, aunque solo caminando por el parque disfrutar del sonido de la noche. Me hubiera gustado tanto hacerlo pero me tuve que levantar como muchos a las seis de la mañana, tuve que ir al trabajo, tuve que rendir diez horas diarias, tuve que regresar en un tráfico tremendo a mi casa solo para darme cuenta de que mi novia estaba tan cansada como yo y de que en la tele no había nada que ver.

Para quien haya leído “Mientras escribo” podrán percibir que aquello que llamamos vida normal es solamente el inicio de aquello que podemos llamar historia. Para todos aquellos que como quise mostrar en este ejemplo, un momento cotidiano puede inspirar un sentimiento o historia que se puede llevar al papel, animo a leer este gran libro que motiva, nos llena el orgullo de  decir “somos escritores” y sobretodo nos da un empujón (que buena falta nos haces) en este difícil camino que hemos escogido.

 

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