La fantasía de la literatura

Hoy por hoy, mientras que nuestros antepasados se esforzaban por explicar los fenómenos naturales y demás temas que no entendían mediante leyendas, sagas o cuentos hoy tenemos un entendimiento muy claro de muchas cosas y sin ser todos científicos o investigadores, sabemos muy bien que el rayo no es el dios del trueno (Thor) ni los tsunamis son iras de Poseidón, el dios del mar. Entonces ¿Por qué seguimos con esa fascinación por lo fantástico? ¿Por qué seguimos leyendo historias de vampiros, héroes, demonios y dragones? ¿Por qué seguimos escondiéndonos en la oscuridad del cine para ver espadas láseres y naves espaciales?

Existe la teoría del “Viaje del Héroe” donde su asegura de que en todas las culturas o idiomas, en la literatura o en la cultura general existe un estereotipo clásico que se repite y es seguido con igual intensidad por todos y es la presencia de un héroe y su viaje o misión. El esquema es casi siempre el mismo: el llamado de un héroe a salvar la humanidad de un peligro inminente. El esquema nos muestra el inicio de un héroe que casi siempre muestra cierto desinterés o no es la persona que la mayoría espera,  pero que es escogido (por el destino o por un ser superior) para la tarea que nadie más puede hacer  para luego entrar en una fase de aprendizaje o indecisión que lo llevara a una purificación para finalmente renacer (ya sea física o espiritualmente) como el héroe que el mundo necesita aunque no siempre el que quiere o entiende haciendo muchas veces que el destino del héroe que tanto dio por nosotros sea en si trágico. Es algo que sin entrar mucho en el detalle psicológico,  Carl Jung llamo “los arquetipos” algo con el que todas las culturas se siente identificadas siguiendo el mismo patrón. Desde el viaje de Gilgamesh en Sumeria, hasta Ulises en “La Odisea”, desde el Luke Skywalker de “La guerra de las galaxias” hasta el Bruce Wayne de Christophe Nolan en la última trilogía de Batman.

En la literatura actual vemos que novelas y libros sobre orcos y magos, sobre héroes y heroínas habitan los libreros y estantes en extremo aunque muy pocos son de calidad, siendo la mayoría una repetición de lo mismo aunque siempre cae en las librerías alguna joya que merece ser leída, nos guste los relatos fantásticos o no. (Viene a mi mente solo dos ejemplos que sin llegar a ser obras maestras son una muy buena literatura de entretenimiento como “Juego De Tronos” o “ Canto de hielo y fuego” y “los juegos del hambre”) aunque desde mi punto de vista, este arquetipo viene desde mucho antes con obras clásicas como “El Quijote” (que sale en busca de aquel sueño perdido de la razón cuando el mismo escapaba de la destrucción por medio de la locura) o de un clásico moderno como “El Sr. De los anillos” con Frodo Bolsón como personaje trágico que debe sacrificarse por el bien de todos.

¿Por qué tantos ejemplos? La fascinación por el viaje del héroe y la fantasía en la literatura (que contagia al cine de manera inevitable) radica en nuestro mismo sentimiento de impotencia ante la vida diaria y las vicisitudes que con lleva el ritmo de vida que tenemos que vivir, cada día más rápido, caótico e incomprensible ¿Por qué tenemos que hacer lo que tenemos que hacer? ¿Por qué tenemos que luchar por lo que no queremos? ¿Por qué tenemos que hacer tantos sacrificios sin recompensa visible? Muchos quehaceres diarios se quedan en el limbo de lo inexplicable y es en aquellas noches de insomnio o de pensamientos divagantes en nuestras habitaciones a oscuras, cuando tomamos un libro y como quisiéramos ser parte de una aventura, hacer algo varadamente importante, saber hasta dónde podemos llegar y sentir que hemos salvado a nuestro seres amados percibiendo que nuestro sacrificio no fue en vano.

La sin razón de mucho problemas actuales nos llevan a esos pequeños escapes irreales que la literatura de este tipo o la fantástica nos ofrece. No es nuevo, siempre lo ha habido. Si fue el teatro griego ayer, la novela de caballeros de la edad media, las historietas de los cincuenta o las películas y novelas de hoy, siempre hemos sentido una predilección por aquellas historias. Es curioso sin embargo saber que muchos de estas historias y pesare, alegría y aventuras no vienen de nosotros (de nuestra lengua española) sino que crecemos sabiendo más de los griegos o romanos, de los samurái o de los caballeros Jedi que de nuestro propio continente o leyendas. No recuerdo haber leído una sola saga latina o sudamericana o española que compita en este rubro ¿Por qué? Es obra de los escritores brindarnos aquellas historias que nosotros anhelamos leer.

Pienso que la literatura fantástica debe considerar dos cosas: la primera es que existe un público ávido de historias y segundo de que ese público no está desorientado y exige historias de calidad. Estoy convencido de que hay muchísimos escritores en Argentina, Perú, España …con papel en la mano y lápiz en la otra (bueno es un decir) dispuestos a regalarnos maravillas de su mente que nos sumergen en las páginas maravillosas de alguna fantasía o de alguna aventura que la tomemos como nuestra, identificándonos con aquel personaje que nos brinda esperanza y alegría y que nos haga olvidar por un momento que mañana hay que pagar el alquiler o reparar el auto.

Si alguna función tiene la literaria (que son varios) es la de entretenernos, mostrándonos a la vez lo maravilloso que la fantasía humana puede ser y de esa manera hacer que aquel viaje del héroe puede ser en el siguiente libro que leamos o la siguiente película que veamos, nuestro viaje.

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El ajedrez de la vida

Es la primera vez que me adentro en el escabroso terreno de la crítica de cine. Criticar es sencillo, hacer algo es difícil. Así que dejare la palabra crítica y la convertiré en comentario. Como cinéfilo confeso y hasta a veces obsesivo que soy, una semana sin ver una película es para mí una semana perdida. Junto con mi pasión con el cine, de niño otra afición compartió mis tardes después del colegio: El ajedrez.

Teniendo esto como base, se comprenderá mi interés por ver “Pawn Sacrifice” traducida por lo menos en España como “Jugada Maestra”, una película estadounidense del 2014 pero que llego un poco tarde a los cines (finales del 2015) y en algunos países creo aún no se ha estrenado.

Para entender un poco el contexto, por unos segundos volveré a mi etapa escolar, cuando descubrí el ajedrez. Cuando después de las clases se había formado un pequeño club de ajedrez donde muchos nos reuníamos a mover aquellas fichas en aquella área dibujada con cuadrados. Y sentir, poco antes o después de cada movimiento, el pequeño ardor de impaciencia y nerviosismo o la angustia de ver que lo que habíamos pensado ya lo había pensado nuestro contrincante. Sentir orgullo cuando podíamos decir “Jaque mate” o pensar en que hemos fallado cuando la escuchamos decir.

Desde aquellos días, para cualquier fanático o admirador de este maravilloso juego un nombre siempre resaltaba ante todos: Bobby Fischer. Aún recuerdo la primera vez que recree la famosa “partida del siglo” entre Bobby Fischer (de tan solo 13 años) y Donald Byrne. Si quieren ver algo verdaderamente sorprendente les recomiendo que vean o analicen esa partida siendo observadores de una de las jugadas más hermosas que ha dado este juego.

Teniendo esto como base, volveré a la película.

Edward Zwick (el director) nos presenta una puesta en escena sólida y sin sobresaltos. Recrea muy bien el ambiente general de los años sesenta y setenta. Quizás le falto un poco recrear no solo el ambiente sino el sentimiento generalizado de guerra fría que se vivía entonces. Pero es solo un deseo. Su dirección es buena llegando a maravillosa en la parte final ¿Se puede transmitir emoción, angustia, latido del corazón filmando una partida de ajedrez? Si, se puede. Los últimos minutos lo demuestran. Notable.

Considerando que la película trata sobre Bobby Fischer es obvio que el peso de la misma cae en su actor principal.

Tobey Maguire (mas que todo conocido por su papel de “Spiderman”) sorprende. Desde mi punto de vista no es un gran actor, pero saca hasta lo último de el en escenas muy buenas donde puede lucirse con todos los recursos que le permite el papel: el dolor intenso interno, la pérdida del sentido de la realidad, arranques de cólera y paranoia nos lo muestra de manera muy creíble. Un gran trabajo.

El guion no brinda muchas sorpresas (para alguien que conoce la historia, para quien no la conoce será lo contrario) pero nos deja seguir la historia con bastante ritmo, dándole al director la herramienta principal para que nos presente el duelo final con una emoción y tensión únicas considerando el juego que estaba narrando.

Pero más allá de la parte técnica, la película merece verse por otra razón principal: la película narra un historia que merece contarse.

La vida de Bobby Fischer es el ejemplo perfecto de la genialidad ligada a la locura. Del precio que se tiene a veces que pagar por ser el mejor. De lo paradójico que puede ser la vida dándonos todo de un lado pero quitándonos todo del otro.

Bobby Fischer fue un genio en su arte, jugar ajedrez, llegando a tal nivel de perfección o genialidad que solo podía hacer eso y nada más. Era incapaz de sentir otra cosa y era incompatible con la vida social de un mundo cada vez más conectado. (Representado de manera especial en la última escena)

Represento como pocos la sinrazón de la guerra fría, fue usado por un país (Estados Unidos) justamente como un peón de ajedrez, terminando al final el mismo repudiándolo. La película acaba cuando Bobby Fischer gana el campeonato mundial de ajedrez pero nos anima a investigar por nosotros que fue de aquel hombre y como murió. Tal como los antiguos mitos griegos nos enseñaban que para ser héroe había que sufrir, el mundo moderno no enseña de que para ser “héroe” en estos tiempos, debemos aceptar que seremos usados (ya sea por personas, empresas o gobiernos) para después ser echados cuando se deja de ser útil.

La vida de Bobby Fischer es una tragedia, que merece ser llevada a la pantalla. Y el hecho de el mismo Maguire como productor apostara por esta obra aun sabiendo de que el éxito sería reducido merece rescatarse.

Últimamente hay pocas películas que vienen de Estados Unidos que merecen verse como obras de cine (desde el punto de vista cinematográfico) estando más preocupados por invadirnos con superhéroes y destrucciones masivas pero “Jugada Maestra” no es eso. Es una película pequeña, sólida que cuenta una gran historia de una manera que nos brindara el sentimiento de haber visto algo especial, algo que no se ve todos los días y de sentir, que quizás después de mucho tiempo valió la pena ir al cine no solo para ver carros destruyéndose o invasores de otra galaxia sino del conflicto humano y de la vida que se esconde en cada uno de nosotros.

Seamos o no seamos admiradores de este juego, recomiendo verla.

 

 

El relato corto en la literatura hispanoamericana

Últimamente el número de novelas ha crecido tanto que hemos dejado un poco de lado un método tremendamente efectivo para contar historias. El relato corto (o cuento).

Este método, muy hispanoamericano (y aún más sudamericano) ha sido practicado por todos los grandes maestros (incluyendo dos pilares sudamericanos de la literatura como Vargas Llosa y Garcia Márquez), para algunos fue la forma ideal para practicar su arte, para otros el método perfecto para contar una pequeña historia pero otros lograron llegar a tales niveles de perfección que nos han regalado verdaderas joyitas de arte (joyita dicho sea de paso solo en referencia a la extensión del texto) haciendo que los recordemos no por sus novelas o poemas sino por los magníficos relatos cortos que nos han regalado. Pongo como ejemplo solo dos nombres que no merecen más presentación: Jorge Luis Borges y Julio Ramon Ribeyro.

El primero no necesita presentación. Una de los regalos de la nación argentina a las letras españolas. El segundo quizás si necesita un poco de ayuda en la introducción. Julio Ramon Ribeyro, peruano, es sin lugar duda uno de los más destacados cuentistas que ha dado el idioma español dejándonos verdaderas joyas para poder leer y releer haciéndonos llevar de la mano, con solo dos o tres frases a un mundo realista y mágico. Ya que mientras Borges nos enseña un mundo místico, irreal, surrealista y maravilloso, Ribeyro nos muestra con crudeza, naturalidad y cierto toque de optimismo la realidad nacional de su época, el realismo urbano en su máxima expresión y las pequeñas historias cotidianas que en sus manos dejan de serlo para convertirse en experiencia maravillosas. Solo como ejemplo recomiendo la lectura de “El Aleph” de Borges y de “Gallinazos sin plumas” de Ribeyro.

¿Por qué es tan importante el cuento? ¿Por qué debería de volver a explotarse y no dejarlo, quizás no en el olvido, pero en la zona de reserva en la que se encuentra actualmente? Desde mi punto de vista su sencillez, su facultad extraordinaria de centrarnos en una historia, lo directo de su lenguaje y su cercanía a nosotros son los aspectos que merecen a tomarse en cuenta.

La novela hay que decirlo es la categoría real dentro de la narrativa. Pero dada su extensión y el contenido de sus historias, rara vez encontramos una que relate hechos cotidianos, vivencias reales de una vida normal y corriente de una forma sencilla y duradera. Nos envuelve en la historia de muchos personajes, nos muestra el tiempo y el espacio necesario, disfrutando del destino o pesares de sus protagonistas.

El cuento por el contrario es directo, no tiene el  tiempo para perderse en descripciones interminables ni falsos caminos, no tiene la paciencia de contarnos lo que paso o no paso o pudiera pasar (dicho de forma muy general) y no pretende contarnos una historia épica ni longeva (aunque muchos lo han hecho también de manera excelente) sino que básicamente  es el relato de un determinado momento de la vida, de un determinado pestañeo de la existencia, de un determinado acontecimiento que impacto la vida del escritor y pueda impactar la nuestra. Ahí es donde reside el gran valor y peso del cuento frente a la novela. Es un trazado de lienzo literario hecho con ahorro artístico exhibiendo un solo respiro en la historia de algunos personajes.

Si hacemos un repaso de la cantidad de oferta en relatos cortos descubrimos que mucho tenemos por escoger de autores de los años cincuenta, sesenta y setenta. Hoy por hoy, el cuento se ha reducido en cantidad y vemos pocos títulos que reúnan nuevas tendencias o nos presenten nuevos escritos en esta categoría. Se salta muchas veces al vació, de acelera de cero a veinte teniendo los ojos listos en la nueva novela dejando de lado que quizás una historia corta represente mejor lo que queremos decir en un momento determinado en vez de mil palabras infladas en algún texto.

El cuento como método de expresión debe ser el punto de partida de este universo hermoso de letras y párrafos que llamamos literatura encontrando en el, la misma satisfacción y alegría que sentimos al leer una novela. Debemos animarnos y animar a otros a leer y escribir aquellas historias que se transformen en los cuentos del futuro.

PPK y el nuevo orden de cosas

Hace mucho tiempo, durante la época en la que Estados Unidos inicio la segunda guerra de Irak (dicho sea de paso la guerra más inútil y que más efectos nocivos ha traído al mundo contemporáneo) un comediante estadounidense dijo (no traduzco literalmente sino lo que tengo en mi mente de aquel extracto). El dijo “¿Cómo estará el mundo ahora donde el mejor jugador de golf es un negro, el mejor rapero es un blanco, los franceses llaman arrogantes a los estadounidenses y los alemanes no quieren ir a la guerra?”. Descontando lo políticamente incorrecto que pueda ser (que no perderé tiempo tratando de disculparme) esa frase retrata muy bien el mundo en el que vivimos. Un mundo cambiante donde lo que fue, no tiene por qué ser y lo que siempre pudo ser, puedo que al final no sea. ¿Complicado?  Creo que se resumen en una sola verdad: el mundo está cambiando y queramos o no, debemos aceptar el nuevo orden de cosas que está por venir.

Con nuevo orden de cosas me refiero al nuevo juego que esta por empezar, al nuevo escenario mundial que esta ya entrando en nuestras vidas y no alguna frase mística, religiosa o esotérica. Haciendo memoria de cómo era el mundo, no hace mucho, hace tan solo treinta años podríamos decir el mundo era  en si sencillo:  Había una guerra fría, Estados Unidos y sus aliados eran los buenos (si uno había nacido en este lado del hemisferio así nos lo quisieron hacer creer) y los soviéticos y sus aliados eran los malos (claro que del otro lado del mundo era completamente al revés). Latinoamérica era entonces una sucesión sin cesar de dictadores serviles a estados unidos (como Pinochet como máximo ejemplo), terrorismo despiadado, economía desastrosa y cero perspectivas al futuro. Europa era el símbolo de la iluminación y civilización, habiendo dejado atrás fatídicas cualidades como racismo o nacionalismo.   Como punto norte a seguir, Estados Unidos con su tecnología, su modo de vivir y su gran perspectiva al futuro.

¿Que ha quedado de eso mundo hoy?

Sudamérica (salvo excepciones) viene desde hace veinte años desarrollándose como una democracia estable con gobiernos que se suceden democráticamente sin problemas, poblaciones que esperan y escuchan (algunas mas otras menos) las propuestas de sus candidatos, donde los golpes militares ni siquiera se sugieren, donde se habla de un orgullo nacional creciente y sano, tanto nacional como continental. Economías estables y en crecimiento y sobretodo una esperanza palpable al futuro.

Europa por otro lado sumida en caos nacional, donde el nacionalismo y el racismo están volviendo a mostrar sus dientes, donde se pide a gritos la mano dura que los guie.

Estados Unidos, competiendo por cuidar el puesto muy temblante que tiene en el podio mundial, con una China y una Rusia que en muchos aspectos ya lo han sobrepasado, donde base su influencia más que todo en su poder militar, con infraestructura vieja y obsoleta, una educación y sistema de salud deplorables.

Una Rusia y una China, dispuestos a hacernos recordar que por más que nos engañemos el ser humano será siempre ser humano y no podrá escapar de sus propios demonios.

La victoria de PPK (Pedro Pablo Kuscinsky) en el Peru sirvió para recobrar un poco la esperanza básica en que los peruanos son dueños de su propio destino si se lo propone y de que han sabido elegir bien, eligiendo un futuro (lo mismo que Argentina con Macri) y no una vuelta al pasado o sumirse en conflicto retrógrados como los de Europa o el medio Oriente. Los peruanos votaron esta vez con la cabeza contra la ignorancia y la corrupción (representado en Perú por Fujimori y toda su familia y en Argentina en menor escala por Kirchner). El Perú estuvo al borde del abismo pero fue salvado por los propios peruanos. Fue una victoria justa pero fue victoria de la razón y la sensatez. Mucho más de lo que se puede decir ahora de lo que los ciudadanos en países como Gran Bretaña, Francia o Estados Unidos están eligiendo. Quién lo diría haces treinta años.

No digo que PPK sea la solución a todos los problemas ya que no lo será. Como tampoco Macri solucionara todos los problemas de Argentina. Pronostico un un gobierno estable, técnico y democrático pero decisivo y fuerte. Con ideas claras, metas visibles e indicadores a seguir. PPK dirigirá el Peru como una empresa (Macri también)) y eso es lo que al Perú le hacía falta. Quizás cumpla con lo que prometió, quizá lo intente pero algo es seguro no dejara el Peru en el suelo y en la ruina como hubiera sido un Fujimorismo con todo el poder.

Mucho ha cambiado desde hace treinta años y se ha demostrado una vez más que nada dura para siempre y que el mundo como dice una famosa frase siempre da vueltas. Lo que antes estaba arriba mañana puede estar abajo y viceversa. Quizás sea el momento de renacer de América Latina, aquel gigante que han mantenido dormido por temor a su poder. Quizás desvarió un poco. Pero algo es seguro. El cambio está presente y llegara de todas maneras y por lo menos para algunos adornado con un listón de positivismo y esperanza. Pero no para todos.

 

Cine y pasión

Déjenme presentarles dos escenas (incluso colgué unos videos en mi página de Facebook) de dos películas memorables y que representan muy bien lo que quiero decir con el título de este artículo.

La primera corresponde a la película “Amadeus” de Milos Forman. En ella, un enfermo y decaído Mozart compone con ayuda de Salieri (en la película es presentado como un ser envidioso y maléfico) creyéndolo su amigo, su famoso “Réquiem”. Si eso sucedió así  en la realidad es materia de otro análisis  (muy probablemente no) pero el punto a tener en cuenta es que la intensidad de la escena, lo magnifico de la puesta en escena, la gran calidad de la actuación, todo iluminado por unas tenues luces de vela, un Mozart sudado casi delirante y una música que acompañaba a cada palabra dicha y cada expresión no dicha, hacen de esta escena un momento sencillamente inolvidable. ¿Por qué? Porque evoca algo esplendido y que solo una arte como el cine puede dar. Emoción. Un sentimiento. Una pasión. Uno puede sufrir con Mozart, puede sentir el plan maléfico de Salieri, puedo palpar el ambiente y quizás hasta sentir la sensación de que es lo que sería estar ahí.

La segunda escena corresponde a una película argentina “El secreto de sus ojos” creo que presentarla esta de mas, ya que es muy conocida por todos (y si no la han visto no pierdan el tiempo, véanla). En esta escena el personaje de Ricardo Darín visita a su amigo y colega en un bar. Este, le explica de una manera memorable por qué no han podido dar con el asesino. Al ver que su explicación no es entendida, recurre a la ayuda de un conocido quien, traguito en mano, le va explicando palabra por palabra lo que el asesino había querido decir en sus cartas. Algo que solo fue posible descubrir por la devoción y pasión que aquel personaje tenía hacia su club de fútbol. Es entonces cuando, uno con el corazón en la mano, sintiendo la decepción en los ojos de Benjamín (Darín) y a la vez, darse cuenta lo ciego que había estado todo este tiempo,  que escuchamos en unas frase mucho de la naturaleza humana, explicando los hipócritas que podemos ser y los egoístas que podemos llegar a ser. El cambio de escena siguiente junto con una música colosal hace que una vez más, vivamos, sintamos, no solo veamos esa escena sino que comprendamos todo lo que en ella se da.

¿Por qué elegí estas dos escenas? ¿Han notado que he utilizado mucho la palabra “sentir”. Dos cosas también me llamaron la atención al escribir este artículo. Estas dos escenas son de películas antiguas (o relativamente antiguas). He escogido esas escenas para compartir algo y es justamente la pasión por el cine y el buen arte (sea literatura, música, pintura, etc). Pero sobretodo el sentimiento (llamado pasión) que este arte puede generar en nosotros y que hay que saber apreciarlo, cuidarlo y mejorarlo. El cine tiene la capacidad de unir el aspecto visual y musical en uno. EL verdadero cine nos deja sentir, olvidar, pensar pero sobre todo vivir una escena. Y a veces hasta soñar y descubrirnos quizás a nosotros mismos. Muchas veces hemos leído un gran libro pero no nos recordamos de ningún párrafo o hemos escuchado una gran canción pero nos podemos recordar de la melodía, pero casi todos tenemos una película que nos gusta, una escena que está presente y que nos recordamos con total facilidad.

Obviamente no todas las escenas pueden ser así de geniales ni todas las películas obras maestras. Pero pienso que en los últimos años se ha vivido un decaimiento palpable del lenguaje cinematográfico sobretodo en Sudamérica, muy influenciada por el cine estadounidense, que esta empeñado en mostrarnos héroes y más súper héroes en películas con un acabado técnico impecable pero que son solo fotos del momento y entretenimiento momentáneo. El cine estadounidense nos ha dado clásicos como “Rebeca”, “Ben Hur” o “Vértigo” o aún hoy nos ha dado verdadera joyitas que merecen disfrutarse como la última película de Tarantino o películas de Clint Eastwood. Pero ha perdido bastante del cine de anteaño, mas empeñado hoy por hoy en darnos películas de acción que se sin dejar de ser malas, todo lo contrario son muy buenas en algunos casos, no llena el vacío que he mencionado al principio creando una verdadera conexión entre el sentimiento y el arte.

El cine sudamericano siempre ha estado empeñado en mostrarnos más de nuestra realidad (una realidad muy triste en muchos casos) en nuestras caras. Y debe ser sí. Un hecho rescatable. Sin embargo a veces se olvida que el cine debe ser mas que solo un reportaje actual (para eso bastan ya los noticieros y noticias tristes todos los días). El cine debe ser un retrato de la sociedad y un método eficaz donde sobre denuncia la sociedad o (ojala hubiera mucho mas) mostrarnos una posible alternativa a muchos problemas actuales. Pero mas que eso en sí, debe ser un metodo donde las historias que se cuenta o la manera de contarlas hagan que por esas dos horas en las que pagamos una entrada podamos disfrutar de algo novedoso, maravilloso, lleno de emoción y pasión. Debe ser un sitio donde adentrarnos en una cajita mágica y soñar o sentirnos envueltos en una gran aventura. Algo en lo que el cine sudamericano debe mejorar. El cine sudamericano nos ha dado grandes películas (como la anteriormente mencionada) pero a nivel general muy pocas memorables y aún muy pocas escenas que dejen en nosotros ese recuerdo mágico e inolvidable. Cada país tiene sus películas propias y dentro de aquellas escenas que han quedado grabadas en la mente de las personas locales (sin van al Perú se darán cuenta de que todo el mundo conoce una escena muy graciosa de la película “La ciudad y los perros”). Pero aún falta mucho.

Se habla mucho del cine Hindú (no guste o no nos guste tiene una personalidad una manera clara de hacer las cosas y son inconfundibles), del cine japonés (más que todo representado por los animes, obviamente cien por ciento relacionado al Japón), del cine europeo (con su marcado toque directo, seco y dramático). Eso sin contar las escuelas que han ido viniendo a lo largo del tiempo como el surrealismo. ¿Cuando podemos hablar de una escuela Sudamérica? Decir que falta talento es una gran mentira, ya que sobra. Solo falta inversión y amor por el riesgo y el arte.

¿Cuándo podremos hablar de un “La Strada”, “Million Dollar Baby” “Rashomon” pero no italianos, estadounidenses o japoneses sino argentinos, peruanos o urguayos? Espero que pronto. Una vez leí una frase de Billy Wilder que espero sea cierta “No me den lógica, denme emociones”. La próxima vez que yo o usted vayan al cine, espero que encuentren la misma sensación y la misma emoción en la película, que regresen con el sentimiento de haber vivido algo inolvidable y si esa película es sudamericana, aún mejor.

 

 

Cultura Empresarial

Desde que hace unos tres o cuatro siglos apareció en el ámbito mundial un nuevo tipo de forma de hacer negocios mucho ha cambiado. Desde que la palabra “compañía” o “empresa” apareció, el mundo dejo de ser el mismo. La idea no era nueva dado que mucho antes de que hubiera una compañía ya había comercio y en cierta forma una organización aunque todo estaba controlado bajo un estado totalitario (gobernado por reyes, emperadores y el clero) o un estado feudal donde el fin de un rey era extender sus dominios. Pero todo ello cambio cuando se empezó a hablar de la riqueza de las naciones o personas que no eran ni nobles ni pretendían serlo, empezaron a abrir sus propios negocios y sus propias empresas y empezar ellos mismo con sus ideas y sus conceptos a revolucionar el mundo. Debió haber sido una época fascinante aquel siglo XIX, cuando personas como Diesel, Zepellin, Benz, etc abrieron el camino para el mundo tal y como lo conocemos ahora, con un entendimiento de que todo era posible. Para ese entonces, Sudamérica aún se recuperaba de siglos de colonialismo salvaje y poco a poco asomaba las narices, como un tímido bebe, hacia el ámbito internacional.

Al principio, fue una situación más o menos controlable, unas cuantas empresas empezaban a crecer y ofrecer buenos productos. Los presidentes y juntas de gobierno, se dedicaron más a velar por su interés y dejar la distribución de los bienes principales a aquellas empresas. Se deben de haber sentido agradecidos que ahora debían de hacer menos y que los empresarios se encargaron de hacer el trabajo que ellos deberían a haber hecho. Obviamente los empresarios no lo hacían gratis y se hicieron millonarios en el camino. Creo que no fue sino hasta los años cincuenta cuando se vio otro fenómeno mundial. Había muchos productos (jamás visto antes), muchas alternativas, muchas empresas ofreciendo cosas parecidas y todas querían quedarse con el mercado ¿Qué hacer? Pues publicitarse, venderse y ver al marketing como la manera como convencer a las personas de que el producto de que ellos vendían era el mejor o en el peor de los casos, convencerlas de comprar algo que en si no necesitaban. El resto ya lo conocemos, pues ese es el mundo en el que vivimos.

Dentro de este contexto, una nueva forma de hacer empresa salió a la luz y ahora se ve como el modelo a seguir. Creo que se habla muy bien de la llamada persona jurídica, dado que cada empresa mediana o grande (creo que aplica menos en la pequeña empresa) se ve una especia de personalidad corporativa. Las personas se identifican con la empresa y consiguen seguir el nivel de personalidad de ella. Se habla de una “cultura empresarial” ya sea en el ámbito de que la sociedad se involucre de manera activa en la creación empresarial o que cada empresa, desarrolle un modelo cultural propio que identifica a sus trabajadores y los hage sentir parte de un todo que contribuya a la sociedad ¿Cuál de estas dos variantes estamos viendo actualmente?

En el Perú actual, se ve que la gente está muy propensa a pensar en empresa aunque muchas veces no entienda todo lo que conlleva crearla. Sin embargo existe un optimismo palpante en que es posible, por medio de una empresa crear un valor que pueda beneficiar tanto al creador como la sociedad pero aún falta mucho en el hecho de crear una personalidad empresarial una cultura solida de identificación empresarial. En Alemania, me da la impresiono que están recorriendo el camino de transición de una cultura solida de producción a una de “agilidad” y de peso mayoritario en las marcas y la imagen corporativa (siguiendo el modelo americano) ¿En Argentina?

Independientemente de esto, al principio mencione solo dos o tres ejemplos de empresas mundiales que han cambiado al mundo. Hoy por hoy se pueden agregar muchas más a este grupo incluyendo empresas de software muy conocidas. ¿Qué ocurre en Latinoamérica? ¿Cuántas empresas sudamericanas podemos mencionar que han sido verdaderas empresas? Dando un vistazo largo a la mayoría de las empresas listadas en la bolsa se diferente países se ven en primer lugar empresas extranjeras que actúan en cada país y en segundo plano empresas de servicios o de productos mineros o agrícolas. ¿Cuándo dejara de ser Sudamérica simplemente un continente de explotación para convertirse en uno que cree riqueza?

Tanto en el Perú de hoy como en Argentina, se viven cambios importantes. La influencia en el sector empresarial se dejara notar para bien o para mal en unos meses. Todos esperamos que sean para bien, aunque tenemos nuestras reservas. Dado que esperamos más de las empresas y de los empresarios. Esperamos ideas nuevas, cambios funcionales, verdaderos hitos y vivir un espíritu y una cultura empresarial como la que vivo Europa hace un siglo o como la que vivió China hace dos décadas. ¿La viviremos en Sudamérica? ¿Hablaremos pronto de empresas Argentinas de escala mundial y nuevas tecnologías peruanas? ¿Dejaremos de ver las grandes ferias de Hanover o de Shanghai para poder estar orgullosos de lo que se hace en Buenos Aires o Lima? Pienso que si bien las empresas pueden tener un lado negativo (creando Lobbys o jugando con los baches que deja el estado y de manera indirecta con la vida de las personas) ha sido un gran beneficio en su forma total. Sin embargo, la forma de hacer empresa está cambiando. Debemos, desde mi punto de vista, adaptar el núcleo de la empresa que es la de crear productos buenos, producirlos a un precio aceptable y distribuirlos. Debemos de dejar de ver al Marketing como el centro de nuestras vidas y empezar a pensar, que es lo que necesitamos y que es lo que estamos dispuestos a invertir. Haciendo eso a modo de consumidores, será el primer paso para hacerlo a nivel de empresarios y de esa manera, en algunos años hablar de una nueva forma de cultura empresarial: la cultura empresarial sudamericana.

 

El Ebook y la literatura en el futuro

Aún recuerdo aquellas tardes en las que iba a las ferias del libro de Lima (no sé cuántos años tenía pero era aún muy joven) y como un buscador de tesoros me abalanzaba sobre lo libros (viejos y nuevos, amarillentos y refinados) buscando las historias que me hicieran viajar, pensar y sobretodo soñar. Abría los libros, los ojeaba e incluso los olía, ya que algunos desprendían de sus hojas unos olores para mí mágicos. Luego, con cada mano llena de un buen número de ellos regresaba a casa para ordenarlos y leerlos uno por uno para que después formaran parte de un estante que cuidaba con ritual religioso. Me gustaba verlos ahí y sobretodo saber que quizás, en algún tiempo cercano, volvería a leerlos.

Hoy, ese ritual si bien no se ha extinguido ha cambiado para los chicos que ahora tienen la edad que yo tenía en ese entonces. Uno entra a un buscador, escoge el libro y con dos clics (exagero un poco ya que son necesarios más) ya puede tener el “ebook” (libro electrónico en el formato que sea) en su “Kindle” o su “Tablet” y leerlo. Todos los libros posibles en un mismo dispositivo. Ya no olor de páginas ni estantes donde verlos. Todos se encuentran sumergidos en los ceros y unos digitales de cada computadora disponible, viviendo así un cambio en la manera de distribuir literatura y en la literatura misma.

Revisando un poco, tan solo como referencia, una página de estadísticas (de.statista.com) uno puede darse cuenta de algunos datos muy interesantes: Tomemos como referencia dos países Alemania y Argentina. En Alemania entre el 2010 y el 2014 la cantidad de “ebooks” vendidos creció de 1,9 a 24,8 millones de ejemplares, el pronóstico para el 2020 será de 869 millones de euros en facturación solo por cuestión de “ebooks”. En Latinoamérica la facturación es bastante menor comparada con un solo país, aun así se vislumbra una tendencia muy interesante. La facturación estimada en el 2016 será de 189 millones de euros (en Argentina se estima en 31,8 millones de euros) y el pronóstico para el 2020 será de 672,9 millones de euros para Latinoamérica y de 133,4 millones de euros para Argentina. Si bien estas cifras solo se deben tomar como referencia indican una tendencia innegable. El “ebook” no va a desaparecer sino que será el medio del futuro.

Hay una sola (desde mi punto de vista) gran diferencia comparada con el pasado pero que no debe de dejarse de lado. Si bien antes, las editoriales solo podía apostar por la experiencia de sus editores, el olfato del mercado y del sentimiento actual y apostar por autores buenos y algunos nuevos, en si era muchas veces un salto al vacío. No se sabía quién leía los libros o quienes los compraban. No sabían si terminaban de leerlos o si simplemente los dejaban de lado. No sabían a qué hora los leían o con que intensidad. Todo esto podrá saberse ahora dado que el formato digital permite un seguimiento muy intensivo de los hábitos de lectura de las personas proporcionando información de primera mano (y valiosísima) a las editoriales. Como todo en la vida hay un lado bueno y un lado no tan bueno. El lado bueno, que la difusión de la literatura se ve beneficiada y sobretodo se abren las puertas a muchos escritores jóvenes que pueden ver sus ideas e historias plasmadas de manera rápida en el mercado. El lado no tan buen es que las editoriales solo den al mercado lo que el mercado quiere, proporcionando solo las soluciones en base a las estadísticas de compras. Negando quizás (sin quererlo o queriéndolo) que nuevos autores o nuevas ideas se propaguen si es que estas no van de acuerdo a lo que el mercado quiere.

Desde el famoso “boom” latinoamericano no ha habido una revolución general de literatura en el continente. Han habido escritores geniales que bien merecen una mejor distribución no solo a nivel local sino a nivel continental. Y es ahí donde el “ebook” puede prestar un servicio notable a la literatura sudamericana permitiendo que nuevos autores puedan ver sus libros más rápidos en el mercado, permitiendo un mejor control de las regalías y para el lector es mucho más sencillo llevar un solo dispositivo que diez libros cuando se va de viaje y sobre todo a la hora de la mudanza.

Sea la forma que sea, la literatura no debe dejarse encasillar en medios y ser difundida por todos los medios disponibles. Los autores no deben dejarse encasillar en el mercado sino escribir lo que sus corazones le digan y lo que la sociedad necesita. Pero a la vez evolucionar acorde a los tiempos. Hoy por ello se habla de la Nueva Literatura Argentina y el Perú vivió no hace mucho tiempo una avalancha de premios para autores peruanos, pero dejando las corrientes (como el indigenismo o el pesimismo de finales de los ochenta) vemos una forma de entender la literatura ambientada en los medios modernos, utilizando no solo los medios sin incorporándolos en el proceso creativo (la utilización de los “blogs” y las redes sociales han influenciado mucho en la manera de leer y escribir) y también incorporando temas nuevos y dramas nuevos en el ambiente cultural de cada país. Y es ahí, donde debe estar la simbiosis de lo nuevo y lo tradicional. Tanto para la creación como para la distribución de literatura de buena calidad en el continente.
El “ebook” debe de ir de la mano con el aumento de calidad de la literatura en el continente. Se le debe dar mayor distribución y apoyo a medida que el alcance a los medios vaya creciendo en Sudamérica y debe de ir unido con una nueva generación de autores que aprecie y utilice los medios disponibles. Solo así, juntos, de la mano se podría ir poco a poco entrando en el nuevo orden (que ya está aquí) sin dejar de lado todo aquello que hace de la literatura sudamericana única en el mundo.

 

De Futbol y tumbas

¿Se puede hablar de futbol en un contexto cultural?

Imaginemos esta situación: Un domingo por la tarde. Nuestro equipo o selección se están jugando la final del título. Todos reunidos frente al televisor, algunos por verdadera pasión, otros por compañerismo. La carne en el asador, quizás unas papitas sobre la mesa. Algunos con un vaso de agua, la mayoría con una botella de cerveza helada. Los amigos que van recorriendo la puerta, la familia cercana, el aire de entusiasmo, de dicha, de alegría o de incertidumbres respirándose en cada uno de los rincones. Se acerca la hora. Los comentaristas en la radio y en la televisión repasando las últimas jugadas, los últimos análisis. El ambiente de camaradería, de amistad que se contagia de cuerpo en cuerpo, sobre todo si es la selección. Todo listo para vivir unos noventa minutos (o a veces ciento veinte) llenos de emoción, angustia, alegría, quizás tristeza pero sobretodo de un momento de la vida viendo correr a veintidós hombres que están dispuestos a sudar, llegar al máximo de lo posible (en el mejor de los casos) para darnos un momento de alegría.

De acuerdo al diccionario de la Real Academia de la Lengua Online se define como cultura al “conjunto de modos de vida, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico o industrial en una época”. Yendo aun un poco más, se define como cultura popular al “conjunto de manifestaciones en las que se expresa la vida tradicional de un pueblo”. ¿No es el futbol en ese contexto la manifestación de la vida de un pueblo? ¿No es el futbol, sobretodo en Sudamérica, un modo de vida ya sea que lo juguemos o no? Para casi todos los países sudamericanos una vida sin futbol, una vida sin escuchar los partidos o vivir esa emoción es impensable (no digo imposible). Es parte ya de la vida cotidiana de las personas, forma parte de la manera de entender el mundo, es parte del lenguaje y de los comentarios o comparaciones que se realicen a diario y es parte de la identificación que uno tiene a veces de la mano con el éxito o el fracaso. Los más detractores dicen “el fútbol es un solo un juego”. Y por supuesto que es solo un juego, pero la influencia y el desarrollo cultural del mismo lo han hecho algo más. Pero dejando de lado todo eso, es indudable que el futbol como tal, es parte de la vida y me atrevo a decirlo de la cultura popular de las personas. Se admira la belleza de las jugadas, se habla de genios del futbol, se analizan las estrategias, se habla de “ballet” o simplemente de jugadas geniales o de destellos de magia ¿Pero porque hablar de futbol en un contexto cultural?

La cultura como cualquier otra actividad humana debe desarrollarse, debe cuidarse y debe perfeccionarse para poder luego integrarse en un pueblo y ser una bandera desde la cual se pueda identificar a ese pueblo como único. Ya sea de pintura, escritura, cine, arte, danza (o porque no futbol solo como expresión cultural) la cultura debe identificar a un pueblo. He parafraseado el título de la novela de aquel genial escritor Ernesto Sábato, para poder mencionar de qué se puede hablar de casi una tumba cultural en el ámbito futbolístico. ¿La tenemos también en el ámbito cultural propiamente dicho?

Hasta hace unas décadas se hablaba muy marcadamente de dos “culturas” futbolísticas: la europea y la sudamericana. Se apreciaba mucho la disciplina europea contra el corazón, el talento y la pasión sudamericana. Y el mundo así lo sintió y lo vivió, haciendo del futbol una de las pocas cosas en las que todo el mundo reconoció que los sudamericanos somos los mejores del mundo. Mientras que solo recorrían el mundo noticias trágicas de dictaduras en el Perú o de las juntas militares en Argentina o Brasil, se apreciaba la belleza de este deporte ¿Qué pasó?. Aún no han pasado por mis cabellos muchos veranos pero recuerdo aún la época en la que se hablaba de equipos como Peñarol, Santos o Independiente como referencias en el mundo. Me acuerdo aún cuando la copa Libertadores era el torneo más difícil de ganar y el más hermoso por la emoción que desprendía, donde las copas intercontinentales (ahora reemplazadas por el mundial de clubes) eran ganados sin temor por los equipos sudamericanos ¿Qué paso?

El mundo actual ha vivido una violación generalizada de muchas manifestaciones culturales, en pro de la globalización y del desarrollo. Lo que antes era nuestro ahora es folclórico, lo que antes era hermoso ahora es anticuado, lo que antes nos pertenecía ahora es autóctono y lo que antes nos identificada ahora solo se ve en muchos casos como el recuerdo de algún pasado que queremos olvidar. Durante mucho tiempo rechazamos nuestra identidad, nos creímos lo que no somos y pagamos el precio de vivir pensando en el jardín del vecino. Y no hablo de futbol solamente. Adoptamos medidas económicas de otros países, admiramos la cultura popular de otros continentes, escuchamos música impuesta. ¿No debería ya ser el momento de creer en nosotros mismo y luchar porque nuestra cultura sea reconocida y apreciada en todo el mundo?

Se han hecho avances interesantes e intentos por así hacerlo. Pero el resultado aun deja mucho que desear. No hablo de nacionalismo barato sino de un sentimiento profundo de que en el aspecto cultura (ya sean las letras, ya sea la pintura ya sea la danza) dejemos huella en el espacio global y no solo pequeños destelles de grandeza cuando uno de nuestros genios (que los tenemos de cuando en cuando) salte a la luz del escenario mundial. Todo esto debe hacerse obviamente como un acto nacional, apoyado por algún gobierno que entienda que no solo la inflación o la deuda deben solucionarse sino el sentimiento nacional y las expresiones que un pueblo identifica.

El futbol quizás sea el final no cultura, pero si la expresión sintomática de un pueblo. Viendo los actos de violencia, la desorganización, la falta de espíritu (donde el sueño del jugador promedio es irse al extranjero) que está muy presente en el día a día, da que pensar en qué momento de nuestro vida popular estamos pero sobretodo hacernos pensar hacía donde queremos ir y que es lo que tenemos que hacer (si es que queremos hacerlo) para llegar ahí.

 

Paranoia estadounidense

Hace poco más de dos semanas vi en el cine el afiche de una película con el título poco llamativo de „Trumbo“, sin embargo al ver el tráiler me llamo la atención y me puse a averiguar un poco mas sobre esta película y del personaje cuya historia se narra y descubrí que aquel título un tanto raro era en realidad el apellido de un escritor de guiones de cine de los años cincuenta en Estados Unidos. Con esa información bajo el brazo me fui al cine con ganas de ver la película. Y no salí decepcionado. La película merece verse, ya que sin llegar a ser una joya del séptimo arte y aun teniendo ciertas fallas (como un final un tanto largo o un tratamiento a mi gusto muy rápido al principio) creo que llega a retratar bien (aunque un poco más de profundidad no hubiera caído mal) un asunto preocupante para el mundo y es lo que se puede llamar una enfermedad estadounidense: La paranoia.

Hace un tiempo leí en una revista alemana un artículo muy interesante que trataba de definir una personalidad psicologica a los países como nación. Si se puede hablar de una personalidad jurídica de las empresas se puede aplicar el mismo principio a los países y se si pudiera definir una personalidad a los Estados Unidos de Norteamérica es sin duda la de un paciente paranoico.

Cuando vi la película, vi que había elementos verdaderamente increíbles pero verdaderos. ¿Se le ocurrirá hoy por hoy a Argentina o Brasil o Perú o Alemania crear institutos para la defensa de los valores no nacionales? ¿Qué pensaríamos hoy en día si a España se le ocurriera definir un ministerio para la protección de los valores españoles? Pues bien, eso paso en Estados Unidos, creando un llamado ministerio que protegía los “valores” estadounidenses (aun no se cómo se puede definir eso) y empezaron con la llamada “caza de brujas” persiguiendo, encarcelando y destruyendo a cualquier persona que fuera comunista (en otras palabras a cualquiera que pensara distinto). Es decir, que en el llamado país de la libertad y de la libre expresión, estaba prohibido pensar diferente. En el país que acusaba a las dictaduras de encarcelar a los opositores políticos, ellos lo hacían sin la menor vergüenza destruyendo la vida de ciudadanos cuyo único delito era pensar diferente lo que quiere decir simplemente, ciudadanos que se atrevían a pensar.

La película lo relata muy bien cuando una preocupada hija le pregunta a Trumbo si ella era comunista (como si de una enfermedad se tratara) y él le responde de una manera magistral, tan solo esa escena corta pero genial merece verse. Trumbo es encarcelado, es privado de su dignidad, es tildado de traidor y es destruido laboral y monetariamente. Su delito: pensar diferente. La película narra muy bien los pesares de este personaje de cigarro eterno y sonrisa sarcástica pero sobretodo narra a un estilo cinematográfico sin duda, su resolución a luchar contra el sistema y no traicionarse a si mismo. A pesar de todo lo que pasaba a su alrededor y de un país que propaga la libertad pero que en el fondo tiene miedo a todo aquello que pueda ser diferente a ellos.

La película creo que trata muy bien un tema, dado que aunque está ambientada en los años de Trumbo (los años cincuenta y sesenta sobretodo) salvando la ropa y los autos, bien podría ambientarse en el mundo actual y en los Estados Unidos actuales, con un temor casi irracional a toda aquello que es diferente (basta dar una revisión a lo que está pasando en las pre-elecciones en ese país hoy por hoy) y sobre todo a la hipocresía de una sociedad que propaga la libertad cuando ellos mismo son los que la aprisionan en nombre de “la democracia” intentando crear muros culturales y ahora materiales.

Obviamente no todos caen en ese juego (representado en esta película por el genial personaje de John Goodman un verdadero demócrata) o en el papel de Kirk Douglas. Sin embargo a pesar de cada uno de ellos a su estilo tratan de sobrellevar con esa pesada carga, el daño está hecho y aunque en este caso tiene un final feliz no lo tienen para muchas personas que aun luchan por dejarse escuchar y para que su voz tenga un pedacito de espacio en un mundo controlado y represivo.

Pienso que fuera de lo que la película diga o no diga llama la atención a un hecho muy importante y es la llamada lucha por la cultura de la libertad que no es solo apoyar intereses capitalistas sino un verdadero deseo que todas las personas puedan expresar y creer lo que les convenga (siempre y cuando no interfieran en la creencia de otras). Un país que se autodenomina el paladín de la libertad pero que puede llegar a estos límites es un mal ejemplo pero no es el único, en toda Latinoamérica hay casos similares, donde la libertad y la expresión o el solo derecho a creer en algo diferente fue penado y hasta perseguido por los gobiernos militares y políticos (como la dictadura de Fujimori en el Perú de los noventa). Sin embargo siempre hay esperanza. Al ver las protestas en Lima contra la candidatura de Fujimori, cabe la esperanza de que hoy por hoy, las personas de nuestros países se han dado cuenta de que su voz debe y puede ser escuchada y que no podemos dejar que nuestras creencias se vean pisoteadas por gobiernos o sistemas que en el fondo tiene miedo a aquellas nuevas ideas sabiendo que en muchos casos pueden ser superiores en algunos temas que las otras y que por lo tanto representan en verdad un peligro para su poder. Si algo nos deja esta gran película es sin duda el sentimiento de que es posible salir adelante y hacer todo lo posible por no dejar que esta paranoia estadounidense gane y que podamos ser verdaderamente libres. Aunque a veces el precio que hay que pagar sea elevado.

Botella vacía

El ser humano a través de los tiempos ha buscado y seguirá buscando alguna razón por la cual vivir. Siglos de búsqueda han sido acompañados por siglos de dolor y desesperanza. Pero también de grandes descubrimientos y de grandes satisfacciones. Eso es a nivel general. Pero ¿Qué significa este pensamiento para cada unos de nosotros?

Podríamos poner como ejemplo una situación interesante que aconteció en un lugar simple, común, tan adentrado en nuestros sentidos que a veces uno no se percata de lo maravilloso que puede ser: Un bar.

En una noche tranquila, con un aire fresco que soplaba en el ambiente, una pista casi vacía (insólita para esta ciudad hoy en día) y una música suave que se escuchaba de entre las casas y departamentos contiguos, tres hombres de edad avanzada ya habían tomado sus asientos frente a tres vasos vacíos de cerveza. Habían pedido una primera botella. El camarero la estaba trayendo cuando uno de ellos, Martín, levanto su vaso y fingiendo decir un brindis, empezó a hablar.

 

-Recuerdo una frase de una película tan vieja como yo – empezó – No sé si fue de Borges a
la hora o si fue en la película pero decía algo como he vivido mucho, he disfrutado poco o
algo así. – Martin recibió con entusiasmo la botella. Se sirvió primero él, viendo como el
contenido rubio del liquido se reflejaba en las pupilas de sus ojos y resplandecía como si
estuviera sirviendo oro en su vaso.

 

Martín espero en ese momento a ver que decían sus compañeros pero ningún se animo a decir una sola palabra. Conocían a Martin muy bien y sus monólogos (sobre todo aquellos que empezaban después del cuarto vaso de cerveza) eran temidos. Así que solo optaron por esperar a que se callara y ellos empezaron también a tomar junto con él. Pero Martín estaba hablando demasiado en serio esta vez.

Martín miro por unos segundos a sus compañeros “Si supieran lo que yo se, me entendería, tienen tantos años como yo pero aún no han entendido. Pero me gustaría quizá ser como ellos, pensar menos disfrutar más. Llevo años viniendo aquí y creo que ninguno se ha dado cuenta de lo que en verdad pasa.”

A lo lejos, el camarero se detuvo por unos minutos al lado del bar, dejo los vasos que había recogido sobre el mostrador y se recostó. Manuel (esa era su nombre) conocía a Martín desde hacía varios meses, desde que había empezado a trabajar ahí. Sabía que era un tipo serio, de pocas palabras pero con un humor siempre despierto. Era difícil de encasillarlo en una personalidad definida. Manuel sabía que Martín tendía un poco al fatalismo, pero esta vez noto algo diferente. Manuel vio como los ojos de Martín se volvieron cristalinos y supo que unas lágrimas estaban llenándolos de emoción en ese momento.

Los dos acompañantes de Martín se percataron de que su amigo estaba teniendo problemas. Y sus problemas eran internos. Martín siempre había sido un símbolo de energía y vida. Jamás había sido tan activo ni demasiado hablador pero siempre había sabido llenarlos de esperanza y emoción. Recordaron cuando Samuel (el más joven del grupo) tuvo problemas de dinero dado una mala inversión. Martín le dio una gran ayuda sin esperar nada a cambio y nunca protesto ni hizo escenas aun cuando las pagas no habían sido tan puntuales. Ricardo no tenía muchos amigos pero acostumbraba contar sus penas y buscar consejo de Martín, que siempre lo recibía con los oídos abiertos y unas palabras de ánimo. Se miraron sin decir nada. Sintieron que había algo diferente en el ambiente.

Manuel miro la escena de manera extraña. No sabía que hacer. Miro a su alrededor y no había ahí mas nadie. Desde hacía mucho tiempo que no había mucha gente en el bar, sobretodo en la noche. Pero se sorprendió de que no hubiera nadie. La noche estaba muy oscura. Los autos se hacían cada vez más raros. Se rasco la oreja, tratando de pensar que mas podía hacer y al ver la fuerza con la que Martín veía el vaso vacío de cerveza se sintió extraño.

Martín se levanto de la mesa de improviso. “Cuando llegue a este bar por primera vez, sentí que aún tenía ganas de vivir. He viajado tanto, he vivido tanto. Me he enamorado, me he desilusionado. Mi salud se acaba por momentos. Recuerdo aquella esquina donde alguna vez jugué al futbol, algo que nunca pude hacer de manera correcta. Recuerdo aquella calle donde me asaltaron por primera vez. Era entonces un mocoso que no sabía lo que quería de su vida. Pero tampoco lo sé ahora. Recuerdo aquella tiende donde conocí a estos dos que me han acompañado hasta el final de mis días. He vivido demasiado. Hasta ayer seguía con ganas de vivir. Hoy es diferente. Mis hijos se han ido. ¿Con quién puede compartir mis temores y pesares? La mujer que quise ya no está y me ha dejado solo. Tengo varios negocios que han visto mejores tiempos. Y lo que siempre quise hacer, en verdad nunca lo hice. Solo hay una vida y no estoy seguro de haberla vivido bien” Martín cogió con fuerza el vaso de cerveza. Lo tomo. Lo miro, miro a sus amigos. Miro al mozo y solo dijo “Cerveza vacía”.

Manuel se acerco lentamente. Le trajo otra botella de cerveza

-¿Todo bien don Martín? – preguntó.

Martín lo miro. Miro a sus amigos. Miro el interés de aquel joven en su salud. Sintió los recuerdos de tantos años. Sintió el dolor de sus errores pero también la dicha de las alegrías. Y todas se depositaron sobre sus hombros por unos segundos. Y se río. Río como nunca lo había hecho. Segundos interminables de risa.

– ¿Te paso algo compadre? – pregunto con preocupación Samuel.

-¿Que si me pasa algo? – respondió Martín – Estoy vivo carajo, y eso hay que celebrarlo.